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La 70 edición de Seminci deslumbra y rompe cifras con sus historias

El certamen vallisoletano llega a cifras de récord en una edición que será recordada por la Espiga de Oro compartida y el ‘boom’ de Hamnet

Edu Mongil

Las efemérides a veces no son más que números y datos: símbolos vacíos. En el caso de una vida, esas cifras suelen adquirir sentido en el momento en el que se asocian a ellas vivencias, recuerdos y detalles que hacen que la historia merezca ser contada. Seminci cumplió su 70ª edición en 2025, un número redondo que se agiganta y cobra significado gracias a esas historias que han contado los cineastas durante todos estos años.

La ciudad vallisoletana volvió a ser capital del cine de autor un otoño más, y tras algunas ediciones de cierta transición, ha adquirido velocidad de crucero para transitar hacia una etapa de expansión. En la búsqueda de esa meta, las cifras sí tienen un peso clave, ya que, según José Luis Cienfuegos, director del certamen, han conseguido sobrepasar la simbólica marca de los 100.000 espectadores.

Pero, para sostener estos hitos, un festival de cine necesita películas. Buenas películas. El nivel medio de la cita ha sido satisfactorio, a tenor de lo expresado por público y crítica. La colección de cintas exhibidas en las diferentes secciones y proyecciones especiales durante la semana ha sido extensa, variada y ha cumplido con el objetivo de aportar nuevas miradas a problemas sociales presentes y pasados.

Albert Serra y Montse Triola, productores de Magallanes. PHOTOGENIC/ RUBÉN ORTEGA.

Dos películas se llevan los máximos honores

Los principales focos, los de la Espiga de Oro a la mejor película del festival, recayeron, por cuarta vez en su historia, a dos películas a la vez. Magallanes, del filipino Lav Díaz, y The Mastermind, del creador estadounidense Kelly Reichardt, obtuvieron el máximo reconocimiento ex aequo en una decisión poco habitual.

Magallanes fue galardonada, en palabras del jurado, porque “nos permite sumergirnos en el pasado desde el presente, releyendo la historia colonial desde una perspectiva compleja y crítica”, además de “su propuesta estética, fotográfica”.

Por su parte, The Mastermind fue valorada por deconstruir “con elegancia e ironía las reglas del género. A través de una narrativa que juega con las convenciones del cine de atracos”.

Alexander Skarsgård, de Pillion. Photogenic – Jose C. Castillo

Además de estos dos, otros títulos también ocuparon las conversaciones en los mentideros festivaleros. Por ejemplo, la estética Silent Friend, de Ildikó Enyedi, que se hizo con la Espiga de Plata, aunque no fue la única. Pillion, la muy provocativa cinta del británico Harry Lighton también se llevó las miradas, gracias al atractivo de su protagonista Alexander Skarsgård y la labor de su compañero Harry Melling, mejor actor del certamen.

En categoría femenina, este premio se lo llevó la estadounidense Eva Victor, que se remangó para protagonizar y dirigir a la vez Sorry Baby, un original acercamiento al trauma y sus resonancias.

También hubo tiempo para apreciar el tino en el retrato de los problemas sociales por parte de los hermanos Dardenne, unos clasicazos ya de Seminci, en Recién nacidas; para ver el debut de la estrella de Hollywood Kristen Stewart como directora en La cronología del agua; para fascinarse con las tramas de La chica zurda, de Shih-Ching Tsou, o para enloquecer con la controvertida y desenfrenada Yes, del cineasta israelí Nadav Lapid. Las proyecciones de esta película estuvieron marcadas por intensas protestas en favor de la causa palestina a las puertas de las salas.

Jessie Buckley y Paul Mescal en Hamnet. Credit: Agata Grzybowska / © 2025 FOCUS FEATURES LLC

También hubo un enorme revuelo -positivo, eso sí- por el estreno nacional de Hamnet, la esperadísima adaptación del superventas de la escritora irlandesa Maggie O’Farrell, y que ha dirigido Chloé Zhao, ganadora del Oscar por Nomadland.

El Centro Cultural Miguel Delibes se quedó pequeño para ver la historia del reverso de la obra maestra de Shakespeare, Hamlet, que protagonizan uno de los actores más importantes del momento, Paul Mescal, y la actriz y cantante Jessie Buckley. La cinta se incluyó en Sección Oficial, aunque fuera de concurso, lo que no le impidió hacerse con el premio del público.

Isabel Coixet, que acudía a Valladolid con la cinta ‘Tres adioses’, interviene en la inauguración de la 70 edición de la Seminci. PHOTOGENIC

Gran reconocimiento para el cine español

El cine patrio tuvo su cuota en momentos álgidos, ya que las últimas propuestas de dos consagradísimos directores como Isabel Coixet y David Trueba fueron las películas que, respectivamente, abrieron y cerraron la Seminci.

La gala de inauguración, conducida por la periodista Pepa Blanes, concluyó con la proyección de Tres adioses, un emocionante canto a la vida de Coixet, que ha triunfado en Italia y está basada en una novela de Michela Murgia.

Antes de ver la cinta de la cineasta catalana hubo tiempo para disfrutar de un número musical en el que Niño de Elche reinterpretó la jota castellana junto a Sergio Portales, Laura Silva, Erik Urano y el coro de la Escuela Municipal de Música de Valladolid, y para que fans anónimos del festival protagonizaran el reconocimiento a los “semanistas” que no fallan ni un día a las proyecciones.

Actuación musical durante la 70 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. PHOTOGENIC

En la gala de clausura, presentada por Elena Sánchez y la actriz Llum Barrera, se entregaron las espigas a los galardonados de la edición, y el momento musical corrió a cargo del grupo madrileño La La Love You. El broche se puso con el estreno de Siempre es invierno, basada en un libro del propio David Trueba.

Otras propuestas nacionales interesantes que deja el festival son Frontera, de Judith Colell, que hace justicia a la desconocida figura de los pasadores en la Segunda Guerra Mundial, o Subsuelo, de Fernando Franco, que ofrece un thriller psicológico profundo y perturbador.

Además, el reconocimiento al tantas veces menospreciado cine español, se consagró en la entrega de la Espiga de Honor del festival a la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM) y a la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC), cantera de numerosos profesionales del séptimo arte; así como al conocido actor Luis Callejo. La otra Espiga de Honor de la muestra se concedió a la influyente directora francesa Mia Hansen-Løve.

Fernando Franco, director de Subsuelo, se acordó del genocidio en Palestina durante la gala de clausura / PHOTOGENIC José C. Castillo

Apuestas que se consolidan

La 70º edición de Seminci también ha sido la de la definitiva consagración de dos apuestas. La primera, extender el festival a las noches pucelanas. El Bizarro y el Desierto Rojo han sido los escenarios para brindar con sesiones nocturnas tras las proyecciones. Y estos bares se ha unido un lugar muy especial como el Patio Herreriano, en el que han actuado Guadalupe Plata o Carlangas, entre otros.

Y la segunda, la de la sección Alquimias, un espacio para propuestas arriesgadas, originales e internacionales, que pinta ya a ser fija, junto a otras como Punto de Encuentro o Tiempo de Historia.

Y si de lo que hablamos es de historia, siempre quedarán muchísimas por contar. A pesar de los nueve días, las 225 películas proyectadas (137 de ellas, estrenos: 104 en España, 29 mundiales, 3 europeos y 1 internacional), los más de 100.000 espectadores y las 70 ediciones. Porque las cifras solo son eso: cifras. Y cada otoño en Seminci se llenan de historias.

David Trueba, rodeado por el resto del equipo de Siempre es invierno: David Verdaguer, Amaia Salamanca, Isabelle Renault, Carla Nieto, Jon Arias (intérpretes); Edmon Roch y Jaime Ortiz de Artiñano (productores).
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