En la sociedad actual, digitalizada y globalizada, entrar en un monasterio y ver a un grupo de personas inmersas en la copia de letras pasadas o en la interpretación de músicas medievales resulta una imagen casi anacrónica.
Pero, es real, ha ocurrido este fin de semana en la localidad palentina de Aguilar de Campoo, gracias a los talleres de caligrafía y música medieval, que han cerrado el ciclo de cursos de verano organizados por la Fundación Santa María la Real.
La cilla, el antiguo almacén de grano del monasterio de Santa María la Real, se convertía en aula o, más bien, scriptorium, para los 20 alumnos del taller de caligrafía medieval. Guiados por Esperanza Serrano, calígrafa de la villa del libro de Urueña y Jordi Sempere i Vicedo, profesor de caligrafía, tipografía y diseño editorial en la Escola d’Art i Superior de Disseny de Castellón, con el apoyo de Silvia García, han trabajado cual escribas medievales.
“Cuando el imperio romano comenzaba a desintegrarse, la escritura uncial prosperaba en el refugio de los monasterios, únicos lugares de paz y recogimiento para los copistas, convirtiéndose en la escritura monástica románica por excelencia y en el instrumento de salvaguarda de la cultura clásica”, explican los profesores del taller.
“La elección de este alfabeto responde a una voluntad política centrada en establecer una clara diferencia entre la estética de los textos sagrados y los paganos, escritos en letra rústica”, aclaran.
Una escritura preciosista, caracterizada por la ausencia de minúsculas, con formas redondeadas y altura desigual, que se usó en libros de lujo y textos sagrados.
Durante el taller, los alumnos han podido reproducir este alfabeto, sirviéndose de plumillas, pergaminos, tintas, lápices y pinceles. La inspiración la han hallado en el sacramentario copiado en el siglo IX por el monje Rodrade, que contiene el desarrollo de la liturgia gregoriana y sus textos.
Música medieval
Concentrados en su labor, los amanuenses del siglo XXI, apenas se percataban de que en la cilla, a ratos, se escuchaba una dulce y apacible melodía o quizá, la música incentivaba su paciencia. Eran las voces de las 21 personas que han participado en el taller de música medieval, impartido por Paloma Gutiérrez del Arroyo, quien les ha iniciado en las primeras monodias escritas en la Edad Media, copiadas en los siglos IX y X.
En este caso, su referencia han sido las bibliotecas de las abadías suiza de Saint Gall y la francesa de Laon, dos de las principales fuentes de la historia del canto gregoriano y la notación musical medieval. Asomándose a sus legajos, han podido interpretar piezas litúrgicas trabajadas, en ocasiones, por tradición oral y, en otras, sobre los manuscritos.
Las clases comenzaban en el refectorio, el antiguo comedor monástico, pero los cantores se han ido moviendo por las dependencias del edificio, como hacían los monjes medievales, probando la sonoridad y acústica de otras estancias como el claustro, la iglesia o la sala capitular.
También han tenido la oportunidad de desplazarse hasta la ermita de Santa Cecilia en Vallespinoso de Aguilar, para seguir cantando y aprendiendo en otro de los grandes edificios del románico palentino.
Una de las sesiones de los talleres ha sido conjunta, de tal modo, que por unas horas los copistas se han convertido en cantores y viceversa para cantar primero y caligrafiar después una misma pieza, cuyo texto se copió en un manuscrito del siglo IX.
Mientras cantaban y escribían, quienes han visitado el monasterio de Santa María la Real han podido admirar su labor, sintiéndose, quizá, privilegiados por este inesperado y gratificante viaje al pasado.

